2021

TIMERE.

El miedo nos mantiene respirando pero no siempre vivos.

El miedo nos hace no cruzar la calle con el semáforo en rojo pero también no traspasar el límite para alcanzar un objetivo.

Nuestro miedo regala el poder sobre nosotros mismos a otros entes.

El miedo toma decisiones por encima de nuestro criterio.

El miedo nos encierra en la cárcel más dura, la que construimos para no dejar entrar a nadie, para no dejarnos salir.

El miedo es necesario pero lamentablemente es subjetivo.

El miedo al fracaso nos instala en la mediocridad, en la balsa de agua sin corriente que nos mantiene quietos;  el miedo al éxito en la ansiedad constante de saber que podemos dar más, que somos más de lo que percibimos, de estar a medio gas con el motor a punto siempre de gripar.

Qué jodido es el miedo, el miedo es tan tan potente que un ataque de pánico se presenta con los mismos síntomas y dolores que un infarto, el miedo puede ser a algo que puede o no pasar, a un ser en principio inofensivo (yo me cago viva con cualquier bicho con plumas, gorrión o avestruz), el motivo puede considerarse “aceptable” o “probable” o no, lo que es absolutamente real es como se sufre, lo que nos hace por dentro y por fuera; la boca seca, el sudor frío, no avanzar, no decir No, no decir nunca Si, el bloqueo, la inacción: no moverte para que no te vean, no hacer ruido para que no te oigan, en definitiva: NO SER.

El miedo es una carcoma en el alma, es sobrevivir con  el oxígeno racionado, es mantener la alegría agazapada, el miedo es una mierda pinchá en un palo, un corsé que te oprime las costillas y te deja las carnes rebosando por arriba y por abajo.

Hay a quienes el miedo nos acompaña durante la mayor parte del día, de todos los días; como una penitencia constante, más o menos llevadera, según el momento, según las circunstancias, las internas y las externas; las presencias y las ausencias;  como un obstáculo perpetuo que debemos saltar a cada paso con el que pretendemos avanzar.

Valiente es quien aun viviendo con miedo, VIVE y deja vivir, valiente es quien coge al miedo por la mañana y lo mete en el bolso como mete las gafas de sol y de vez en cuando mira a fondo porque siente que se mueve y sabe que anda rebelde, con ganas de salir. . .y para, respira, y lo invita a café. Lo devuelve al bolso, bien plegadito y sigue, porque seguir es el secreto, es el truco, seguir siempre, y si algo nos da miedo, pues se hace con miedo; aunque te tiemblen las piernas y los cimientos del espíritu.

Los miedos son  absolutamente personales e intransferibles, (al menos eso debemos intentar) cada quien tiene los suyos, los que no son nuestros nos pueden resultar tan ridículos como a otros los nuestros, evitemos la sorna y el juicio, de lo que no hay  lugar a dudas es de que son esencialmente respetables.

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