2020

¡MADRE MÍA, LA QUE HEMOS LIADO!

¡Madre mía la que hemos liado! Así, en plural; cada uno lo hace lo mejor que sabe o puede, pero muy bien me da a mí que no lo estamos haciendo y no será por falta de información, que de eso vamos bien servidos y hasta sobrados.

Partamos de la base de que esto de la pandemia no va a durar siempre, pasará y seguiremos existiendo en mayor o en menor número, la raza humana es un p.u.t.o milagro evolutivo y subrayo lo de milagro. Lo que dure en tiempo esta libertad vigilante en gran medida va a responder a como nos comportemos todos, TODOS. Puede ser como la moda de las hombreras, cosa de una temporada y a seguir, (gracias a la diosa que gestiona lo del buen gusto) o como la de los pantalones de campana, veinte años en vogue y luego cada tres años nueva versión…

CAMPANAS FOREVER….

Es maravilloso que la gente “viva” y se sienta viva, necesario y obligatorio; tanto como que permita vivir, en el sentido literal del término. De esto no se sale yendo cada uno a lo suyo, la responsabilidad tiene que ser colectiva y vertical, asumamos que somos el fruto de nuestras decisiones y que en este caso cada una, nos afecta a TODOS.

Las mascarillas son una tortura, en el sur MÁS; la calor (de Despeñaperros para abajo es una señora) aquí es una losa aplastante; a mí, por ejemplo, me suda el bigote sin mediar ejercicio, que todo no iba a ser Glam y estilazo, a lo que se le une que tengo el labio de arriba (si digo superior va a ver sorna al menos un lustro) prominente, lo que provoca que cada vez que me pongo la mascarilla termino con los morros a La Jolie versión plebeya.

angelina jolie angelina gif

…POR EL ESTILO…

Y me la pongo aun sufriendo los efectos secundarios, como cuando era joven me ponía tacones que me destrozaban los pies y la posibilidad de ligar con la mitad de los pululantes masculinos a los que sacaba una cabeza. La diferencia es que ahora no es una opción, lo de los tacones tampoco; es la frontera entre la salud y la enfermedad; la mía, de los míos y la de TODOS.

Lo de la distancia social pues oigan, también cuesta. A mí lo que menos, dada mi condición de arisca y mi nulo gusto porque me toquen o se me acerquen desconocidos, incluso algunos conocidos. No obstante, una no es de piedra aunque parezca esculpida en mármol, sobre todo por el color; está en edad de merecer y de “gosarrrrr” y las circunstancias no son las más idóneas para los intercambios con cuerpo ajeno. La meditación me está sacando del trance o eso le cuento al cuerpo que ya protesta. Está harto de comer fruta cuando tiene hambre y pregunta que “la proteína pah cuando…” (¿algún PCR negativo en la sala?, es para una amiga…)

Ni Zara ha dado tanta etiqueta como esta nueva normalidad, que vaya término ordinario lo de normalidad, ahora NADA es normal. En el reparto me han tocado unas, cuestión de suerte; a otros les habrán tocado otras, lo cierto es que la única que debemos cumplir es la de RESPONSABLES, lo demás son ejercicios absolutamente vacíos.

(No olviden lo del PCR para mi amiga).

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