2020

Mi rincón de la felicidad.

Leer para llenar, escribir para vaciar.

Las palabras son mi dimensión vital, buceando entre ellas voy hallando los atajos para avanzar, los caminos que desembocan en la consciencia, en la percepción total de la realidad.

Entre letras y pensamientos me siento absolutamente libre, son mi rincón de la felicidad; el laberinto donde consigo moverme ágil, lista, lúcida. Lo que pienso y luego escribo, es mi deliciosa y particular venganza contra lo que entiendo como mediocridad.

Vivo días donde sólo quiero escribir, nada más (y nada menos). Escribir es la única manera efectiva que encuentro de SOLTAR, de VACIAR (me), de “..lanzar mis versos del alma…” como decía en Guantanamera José Martí. Son jornadas intensas donde tengo la cabeza tan llena de ideas que se me van cayendo por los límites de la imaginación. Me inundan toda, me ocupan cada resquicio, las tengo que ir achicando para que no me ahoguen.

El martes, un amigo qué sabe quién soy y por dónde respiro,(aún así me tolera) me llamó onanista existencial. La definición es tan exquisita (no porque sea a mí, que también) como certera; sin duda esa es mi forma de (no) socializar, de SER. Soy escribir.

Las palabras me apasionan tantísimo que no puedo dejar de ser una ávida coleccionista. Las clasifico; elijo predilectas en tiempos infinitos, como DIÁFANO, PETRICOR o VIDA, o por temporadas, ahora están en pleno auge “OJALÁ” y “ALCANDORA”.

Las uso, a veces con precisión obsesiva, y otras, sin embargo, las pervierto con significados inventados. Las manipulo sin pudor. Tengo palabras capricho y palabras que hago sagradas, porque me turban, por quién las usaba, por quién me las mostró.

Diccionario como Cuaderno de Viaje.

Atesoro un diccionario, como cuaderno de viaje. LaPorra y yo lo llenamos con nuestras palabras y expresiones, las que compartimos de nuestro ahora y las que andamos rescatando de nuestra memoria y la herencia familiar… la vida nos regaló ser “de pueblo” y esa fuente es inagotable. Ese manuscrito contiene palabras del corte de: “atranquijoso” (dificultoso) o “revolear” (zarandear) y expresiones tan cabales, como “te voy a hacer la carioca” (darte una tunda) o “bajarse al pilón” (sexo oral femenino). Cuando dentro de cincuenta años esté repleto de delicatesen literarias, será un bestseller y nosotras las viejas más populares de la residencia y la RAE.

Las palabras son mi balcón al mundo, el ansiolítico que necesito cuando la realidad me rebosa el ánimo y mi casa, son MI CASA, el único lugar donde me siento segura, dónde estoy a salvo. Son El sitio de mi Recreo de Antonio Vega.