2020

La hermana que me regala la vida.

LaPorra & LaLaberinta. Canibalismo mental.

Conversación ordinaria entre Lalaberinta y Laporra: 

-Lalaberinta: “Porra, ¿cuántos gatos vamos a tener cuando seamos viejas?”

-LaPorra: “No sé, los que nos dejen en la residencia, ¿no?”

Laporra y ésta que les escribe, atendiendo a las características comunes de nuestro adn somos lo que vulgarmente se denomina primas; desde el punto de vista  social, adoptamos el comportamiento prototípico de CoMadres Cacatúas; y yo, individualemente, desde mi más primitiva emoción,  reconozco a Laporra como mi hermana, como la hermana que me regala la vida.

Hoy mi CoMadre Cacatúa cumple años, es tan tan joven que le caen dos castañas menos de las que me caerán a mi la próxima primavera. Como en el ranking mundial de novelería va primera (el podio lo comparte con mi hija y su primogénita) de regalo de cumpleaños me ha pedido que le escriba un post…es mi primer encargo y  la primera vez que casi me rindo.

La satisfacción por el encargo ha estado compitiendo con la responsabilidad de estar a la altura de tan magna petición, vamos, que me he acordado de toda su casta morena, que también es la mía en un gran porcentaje, en distintas y numerosas ocasiones. Una vez rematado el post y superado el reto, he de confensar que el regalo ha sido para mi.

Laporra es enfermera, lo es desde antes de matricularse en la Escuela de Enfermería porque no es su profesión, es su propósito de vida. El universo le asignó esa tarea y ella  la ha aceptado, engrandeciendo la labor hasta el límite de lo saludable. Es una auténtica experta en curas, en las heridas de fuera y en las heridas invisibles para los ojos que miran y no ven, las de  por dentro.

Desde el amor te va sanando naturalmente, sin artificios; dando su lugar al dolor,  desde dentro hacia fuera va dejando al aire nuestra parte sana. A mi me cura las heridas  y me sutura el corazón, me lo cose cada vez que permito que me hagan un roto o cuando me abandono y termino con él hecho jirones, como ahora…

Seguirá siendo enfermera hasta que emprenda (tarde, siempre llega elegantemente tarde) su viaje definitivo… que cómo le coja el tránsito por la mañana, lo mismo deja ordenado, que para ser jefa es estupenda,  que en el ataúd no le falten esas galletas de alpiste que desayuna todos los días de su vida ni esos polvos marrones a los que ella llama café, como si el café soluble estuviese catalogado como café. Hay que respetarla, es su particular fórmula para evitar la  metamorfosis en Ser del Averno durante toda la jornada. 

El gen aprieta y esta costumbre tan arraigada de mi prima la  comenta una señora que viaja con una cafetera italiana y café portugués en la maleta,  porque “las cafeteras de por ahí” no hacen un café decente… 

Las Cabras Porras tiramos para el mismo monte y allí acudimos a merendar cerveza en tiempos de depresión ,  es una práctica ancestral de mujeres de mi familia, si estamos en pleno KO anímico, el cuerpo a media tarde nos reclama botellín/es…

A tope de glam. A tope de power.

Yo que soy de corte glamuroso y que mi CoMadre me alienta el divinidrama, en alguna ocasión  he sustituido la birra vespertina por una botella de champagne añejo huésped antiguo de su frigorífico. He ahogado la pena del amor del momento en un espumoso, mientras Laporra pasaba la aspiradora y me cantaba Paloma Negra versión Chavela, que para un dolor del alma no existe mejor banda sonora. Si hay que sufrir (lo justo) se sufre, pero con un gusto exquisito y sin perder la compostura, a lo Penélope cantando en la última escena de Volver. 

Almodóvar y nosotras. Un tándem.

LaPorra anda salvándome la vida, poco más puedo añadir, salvo recordar a la eterna Lina cantando:

“…Agradecida, emocionada, solamente  puedo decir: GRACIAS POR VENIR”.