2019

2019: vaya usted con Dios.

Termina el 2019, este no será el mejor momento para compartir porque casi todos andamos haciendo “lo que toca”. Yo estoy haciendo lo que siento que es lo que me toca a mi;  escribir me salva la vida, que me tiene hasta el cóh en los últimos tiempos.

El 2019 no me ha privado de nada, si dura dos meses más me manda una dolencia de próstata, que abundancia, oigan. He vivido un noviembre pa ponerlo en un barco y hundirlo y diciembre ha sido el mes propio.

El puente inmaculado me dotó de mocos y calentura, descansar en la playa no está hecho pa’mi y pa’mi cuerpo, dormir fuera de casa ni os cuento…

Cuando se acercaba Navidad empezaba a encogérseme el ánimo y llegaron las actuaciones colegiales. Mi vástaga tenía que ir vestida de duende. El disfraz se hacía con una bolsa de basura verde, como en el sorteo le tocó esta madre (y ese padre) compré unas bolsas verdes que olían a pino (mucho), señor, mi casa era como un Renault 5 de los ochenta.

Mi hija no soportaba el olor, (ni yo ni cuaquier ser viviente) le daban arcaditas dramáticas cuando la estaba probando, la gata olisqueaba y maullaba como si le fuera la vida en ello y La Laberinta madre que es muy de estar en su sitio comentaba desde su trono emérito:

-¿No te parece que huele demasiado a pino?

No mamá, no me lo parece, me he dejado la pituitaria perdida con el sentido común….

La vástaga actuó, lo hizo genial, el olor a pino desapareció porque la bolsa estuvo tendida al relente toda la noche. Soy una mujer de recursos, pocos pero eficientes.

Mi snobismo se hizo fuerte este año y me ayudó a decir no al 99% de cenas/almuerzos Christmasfriendly, todas menos una, la de mis amigos desde que iba al jardín de infancia, literalmente.  Otra cosa no, pero qué suerte de que me quieran y de querer a esa panda de individuos.

Volver a sentarme con ellos es saber que algo, aún está en su sitio,que hay a quién volver siempre y que el sentido del ridículo, si me queda algo, se diluye en tan magna compañía.

De lo más serio de la performance.

Pasó Nochebuena y Navidad, con ascendientes y descendientes. Gracias a algún ente maravilloso que no conozco solo he puesto un kilo y medio, la gastritis ha tenido solo tratamiento doméstico y las tres generaciones laberínticas hemos tenido después; días de vivir, casi, sin prisas.

Y desde ayer, con el fin del año en ciernes, he decidido olvidar los propósitos y simplemente SER, me he protegido con un hilo rojo de amor y como declaración de intenciones, a modo de rito iniciático, voy a comenzar este ilusionante 2020 con la persona que siempre va a estar conmigo y que a la que jamás debo dejar de cuidar. Hoy estoy Yo, por y para mi

Deberíamos vivir para dentro con el mismo ahínco que lo hacemos hacia fuera.

Respetarnos.

Delimitar nuestro lugar.

A la atención de 2020:

Haga usted conmigo lo que quiera y si va a doler, que me sirva de aprendizaje.

 

Un comentario sobre “2019: vaya usted con Dios.

  1. Laberinta feliz año 2020 y te copio ‘empezar el año con quien más nos conoce’, lamejor compañía, gran frase.
    A ver si enero viene más tranquilito.
    Beso Querida.

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