2019

Amar es VIVIR con mayúsculas.

Unos días atrás escribía:


“Yo no soy lo más en casi nada pero SIEMPRE soy YO en todo lo que hago”.

No opto a la candidatura del Nobel de la Paz ni lo pretendo, puedo ser acusada de mucho de manera objetiva ( es tan cierto como que me resbala) pero jamás resultaré culpable de la mezquindad de no ser auténtica…y eso…

¡Supone un TRA-BA-JA-ZO! Que precisamente no te convierte en lo que comúnmente denominamos popular.


Hace años comencé una travesía personal con el objetivo de encontrar mi lugar en el mundo, inicié el viaje más arriesgado, la búsqueda de mi. Me he mirado por dentro desde todos los puntos de vista posibles y he concluido que el único infalible es el que nace del amor.

No siempre ha sido así, también, creo que como todos a veces, (sólo una, ya es demasiado) me he abandonado y delegado mi determinación en otros, les he cedido mi poder sobre mi para que decidieran, por y para mi. Me he diluido para ser quién tenía que ser, he renegado de mi YO a cambio de aceptación. Lo sé, una auténtica ordinariez, no volverá a ocurrir.


Cuán difícil es profesarse amor, sin duda alguna, el amor propio es el más complicado de cultivar. Ojalá todos nos quisiésemos a nosotros mismos con la misma libertad con la que amamos a otros, cuanta angustia nos ahorraríamos. Amar es perdonarse, y cómo me dice Mibró, dejarse sentir; implica aceptarnos (con aristas y bordes romos) y nunca nunquita, jamás de los jamases, never ever, dejar de ser nuestro gran plan de mejora.

Quien se ama es L I B R E, se le nota que adolece de mala baba; no arrastra la cadena del rencor ni los grilletes del odio. El odio, esa enfermedad mortal del alma, el super alimento del ego, una auténtica declaración de debilidad espiritual. Qué lesivo… Nadie se merece odiar; vivir en la oscuridad es “subvivir”.

El camino del autoamor que tan certeramente define mi admirada Sol Aguirre en su post Autoamor vs. relaciones tóxicas. pasa por establecer límites, es estrictamente necesario. Desde el absoluto respeto, sobre todo a un@ mism@, hay que informar con firmeza de dónde está nuestro paso fronterizo y que salvo nosotros, nadie decide su ubicación.

Mis límites, mis reglas; sobre mí, mis decisiones. Permito ayuda, no juicios:

-Se resume en:

“No derrumbres mi edificio una y otra vez, construye conmigo”.

Aún así, si el amor que te brindan viene con condiciones, no es amor, aunque se le parezca.

Nos pasará que en primera instancia quienes ya no nos influyan, nos hagan el vacío; puede que nos pretendan castigar (no debemos permitir que se consuma el hecho) con el trato distante, nos tacharán de desagradecid@s, nos convertiremos en seres malos, muy malos, muy hiper malísimos…y a cambio, conseguiremos, si perseveramos en nuestra postura, ser profundamente respetados…

¡Y no pasará nada! ¿¡Qué va a pasar!?

Si sabemos quienes somos qué importa quienes crean que somos. Amemos igual, desde dentro hacia fuera; confiando, soltando, sin competencia, sin ira, desde la humildad, desde la conciencia de saber que estamos “de paso”.

Somos cómo tratamos al otro, el individuo de enfrente es nuestro espejo. No hay jerarquías en lo de ser humanos, no hay niveles.

Y como un mantra debemos grabarnos: “…Nadie nos dará el amor que nosotros no nos damos…que no creemos merecer…”

¡A QUERERSE Y A QUE NOS QUIERAN, HOMEPODIÓ!