2019

Desayunos de verano, mañanas de amor.

Es sábado del mes de Julio, mientras escribo estas líneas el reloj aún no ha alcanzado las diez de la mañana. En un bar; clásico, limpio y auténtico, del pueblo donde moro, las mesas de la terraza se llenan de personas mayores que salen al fresco de la mañana a desayunar, son los viejales maravillosos de mi barrio.A una distancia prudencial y a través del espacio que deja una ventana abierta, observo, segura de mi discreción, cómo se cuidan, cómo se salvan (ignorando enfermedad y achaques) y se provocan los unos a los otros; las puyas simpáticas deambulan divertidas parándose en las distintas mesas, aleatorias y socarronas.Nadie se enfada, ni protesta, ni se queja, no tienen tiempo para perder, la vida casi se les ha pasado y agarran y disfrutan cada momento de felicidad, son una tela de araña atrapando risas.Al oeste del final del sur, los vecinos de toda la vida se saludan, se hermanan para siempre y se sientan a conversar, en la puerta de casa o en la terraza de un bar, lo de menos es el lugar. Cada vez que me es posible, como hoy, los escucho atenta, absorbiendo toda la información que permite mi entendimiento. En frases cortas y aparentemente sencillas (qué difícil es lo sencillo) guardan LA VERDAD; preguntaba Juan a Pepe que a donde iba, y Pepe le contestaba que a vivir, hoy que podía…La dignidad de la vejez, la sabiduría de la experiencia, las lecciones de lo inexorable del paso del tiempo… la descomposición absoluta del ego en pro del amor, “hacerse hermano de la vida”, ¡eso sí que es Escuela! Esta mañana la vida me ha sentado en su patio de butacas para enseñarme que los finales también pueden ser hermosos.Las carcajadas sonoras de quienes ya lo vieron todo me han llevado a desear que el destino no me prive de los últimos tragos dulces de mi existencia y que mis nietos, si llegasen, disfruten de mi senectud tanto como a mi me lo permitieron mis abuelos. Nunca dejaron de besarse, ni de discutir ni de ir agarrados por la calle. Y a mí, nunca me soltaron.Me alejo del bar, sonriente, con la imagen de mis abuelos desayunando en la cocina del pueblo, café y tostadas, y los restos de olor mañanero de la dama de noche paseando por mis recuerdos. Ojalá el tiempo, de vez en cuando se detuviera.

10 comentarios sobre “Desayunos de verano, mañanas de amor.

  1. Querida Laberintia leyéndote me asalta el deseo de animarte a que pintes con tus palabras un inmenso cuadro como Las Meninas o El Gernika. Un colosal fresco de imágenes, sensaciones y emociones donde perder la mirada y encontrar sorprendentes detalles inquietantes, placenteros, cautivadores, reveladores o evocadores. Una pasional historia original y repetida, vieja y renovada. Un gigantesco y estremecedor lienzo…pero al momento me sacudo las ganas y vuelvo a reconocer que tus acuarelas escritas tienen la dimensión precisa para provocar inmensas y colosales emociones a quienes al visitar tu galería posan su mirada en ellas. Así que, querida Laberintia, te animo a que no te desanimes por muy grande que sea el lienzo o por pequeño que sea el papel. Tu dimensión siempre proyectará la justa medida.

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  2. Quiero que la vida me permita poder desayunar y saborear mejor que nunca, ser uno de ellos el día de mañana es un lujo, porque me gusta vivir el hoy y el ahora y hasta entonces habrá muchas cosas que contar entre unos y otros. Mil besos preciosa mía.

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