2018

Tota, 3 años: “Mamá, no tengo corazón tengo tormenta”.

Tota es el miembro femenino más joven de mi familia y tras esta afirmación queda científicamente probado que la saga de las reinas del drama no se ha extinguido. No hay en el mundo mujeres tan predispuestas a sufrir como con las que comparto ADN, y sufrimos, Oh my God! pero qué requetebién sufrimos!!! No hay parangón, no tenemos igual, he de decir que mismamente  yo, con un mal de amores me dejo a La Dama de las Camelias a la altura de la zapatilla, no hay dos como yo viviendo un drama, luego veo un bíceps y una buena abdominal, y que queréis que os diga, pues se me va pasando el sofoco, pero en primera instancia doy guión para un musical, una miniserie y una peli de Pedrooooooo!

Entre nosotras, las terceras, la new generation, hemos llegado a un acuerdo tácito de tolerancia y no competencia, que nos ha llevado a la mutua compresión y a compartir nuestros duelos, somos ramas de un mismo árbol y ya nos sabemos el camino desde la raíz al fruto; la anterior más o menos gestionó sus penas y mira, se relacionan sin chaleco antibalas y aparcan las escobas juntas. Ahora bien, el germen, el big bang de las introdramáticas son esas abuelas hermanas que compartimos, esas abuelas que dejaban de ir a bodas porque así eran las protagonistas, o lloraban en ellas hasta el paroxismo o se montaban un expolio en mitad de la calle; ellas se querían un mes, se odiaban dos, se maldecían y luego, se defendían como leonas  las unas a  las otras en caso de ataque externo. Qué reparto! Ni todos los estudios del Star System del Hollywood más dorado han tenido tanta concentración de talento interpretativo como todo el lado femenino de mi familia. Y la enfermedad, la enfermedad y el drama dan para una enciclopedia; cuánto rédito teatral han sacado las abuelas hermanas a la enfermedad, una de ellas cada vez que se enfadaba y no veía clara la victoria, se rendía entre sufridos alaridos, afirmando agónicamente  no poder disgustarse porque tenía una úlcera de duodeno, señor durante 30 años estuve escuchando aquello cada vez que no se hacía lo que ella quería…ese uso de la enfermedad aún no se ha extinguido, ni tampoco el otro clásico, la cara de “cómo puedes decir eso, me rompes el corazón “, eso sí, corazón lo que se dice corazón siempre les importó uno, el suyo, modernísimas en aquello de quiérete a ti misma, y así nunca dejaron de darle uso a ese amor propio, y a ninguna les fue mal. Ejemplos.

Ahora en la evolución lógica del ser humano a la new generation nos ha ido creciendo un apéndice nuevo, la empatía y parece que por ahí, por mucho que suframos y muy bien que lo hagamos, intentamos hacerlo en círculo y con el firme propósito de no joder al prójimo (nosotras también somos prójimo) en el proceso.

*Nota aclaratoria: la tendencia al drama no es exclusiva de la parte femenina de mi familia (ni de mi cama), contamos con reyes del drama de tomo y lomo, lo que ocurre es que (lamentablemente) no es ese el rasgo principal de su carácter, del que hablaré algún día…o no.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Tota, 3 años: “Mamá, no tengo corazón tengo tormenta”.

  1. Me encanta! Cuantos guiones se perdió Almodovar! En medio todas las familias hay melodramstic@s, te lo aseguro! Y que me dices de esos sufridos maridos, la otra parte del cuento, esos silentes presentes que pobres míos preferían callar a meterse en medio. Somos la generación renovada pero no menos melodramática, pulida pero no de inferior extirpe, nos dejaron bien enseñadas y podemos ser hasta peores sólo es cuestión de echarle gasoil a la escoba!

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